Naturaleza de la luz


Videoperformance

Idea, interpretación y dirección creativa: Camila Garretón
Conceptualización, diseño y construcción máscara / O’Ryan Lab: Tomás O’Ryan, Natalia O’Ryan, Josefina O’Ryan
Conceptualización, diseño y construcción vestuario / O’Ryan Lab: Natalia O’Ryan
Conceptualización, diseño y construcción báculo luz: Andrés Rebolledo
Universo sonoro: Inad z
Dirección de fotografía, cámara 1, drone, foto fija y edición: Andrés Valenzuela Arellano
Cámara 2 y redes sociales: Hugo Merino
Diseño logo: Carlos Urzúa
Agradecimientos: a Denise, WG Transportes, Luis y Pancho de Casa Carmenere, a Nibaldo y Sandra. Y en especial a la naturaleza, pata ohiri que nos acompañó y guió en cada minuto de nuestra travesía. ¡Gracias!

noviembre del 2021, San Pedro de Atacama, Chile.

Texto Leo Casas

“La naturaleza de la luz” de Camila Garretón consiste en una video-performance de carácter individual filmada en diferentes emplazamientos geográficos ubicados en la zona de San Pedro de Atacama (entre ellos Ojos del Salado y el Valle de la Luna). Sin la presencia física de una audiencia, la obra se estructura en torno a la búsqueda de la luz, como alimento energético, bajo el principio conceptual del viaje. Como es frecuente en el trabajo de la artista, la obra se compone de muchas capas de significación superpuestas, las que se van develando paulatinamente, hasta conducirnos, a través de un proceso que involucra autoconocimiento y transformación, a la siempre vigente pregunta por el sentido de nuestra existencia.

Dentro de la narrativa de la obra, el registro en video se constituye como la única forma de mediación entre la artista y el público. En contrate a obras anteriores, donde el espíritu grupal de cada propuesta apuntaba a exponer las pulsiones y los dolores de la sociedad contemporánea, en “La naturaleza de la luz”, la artista traslada el carácter de la exploración colectiva al plano de lo íntimo, desarrollando una acción donde el intercambio simbólico con el espectador se articula a través del lente de la cámara. La banda sonora – compuesta por InadZ – provee a la pieza de un elemento de tensión sensorial determinante para la narrativa de la obra, proponiéndonos una reversión de los roles estereotípicos del espectador, quien, desde una distancia, se integra a una experiencia donde la subjetividad de la mirada se transforma en un elemento determinante.

Comenzando al alba, vemos a la artista, vestida con los colores del desierto, con cierta re-semblanza a algunas figuras alquímicas, desplegando su cuerpo en una coreografía gestual, moviéndose en busca de la energía de los primeros rayos solares. A medida que la luz se intensifica, Camila parece transmigrar entre los diferentes espacios del desierto, marcando el paso del día, y proyectando la acción de su andar como la clave metafórica de una búsqueda espiritual definida por una voluntad de acercamiento hacia lo inexplorado. Dos hitos orientan la línea argumental de la obra: en su transitar la artista se encuentra con una lámina metálica, que le sirve tanto como elemento reflector de la luz, como así también espejo de su propia presencia; en otro tramo, aparece un báculo ritual, el cual, como canalizador de la luminosidad del espacio, la acompaña en pequeños ejercicios que se irán desarrollando conforme el recorrido progresa.

“La naturaleza de la luz” nos plantea la expectativa ante la posibilidad de comprender el equilibrio de fuerzas entre la luz y la oscuridad. De la misma forma que las inseguridades y ansiedades del mundo, la luz pesa y sostenerla tiene su consecuencia. En la configuración de la acción y en el contenido mismo de su planteamiento conceptual, la pieza aborda aspectos vinculados a la esperanza del cambio pero también a la desilusión ante la inercia: la incapacidad de comunicarse, la incapacidad de aprender del pasado, la incapacidad de percibirse humano. Hacia la conclusión de la obra, Camila Garretón camina hacia el blanco de los salares para ser absorbida o quizá para integrarse a esa energía lumínica que emana de desde diferentes puntos del territorio. Casi como un mantra Zen, entendemos que las cosas son como han sido trazadas.